Juan David Morgan tiene una cercana relación con la historia basada en hechos en novelas suyas como Con ardientes fulgores de gloria o El caballo de oro.
Wendy Tribaldos es una investigadora casada con el estudio de la historia patria como queda demostrado en libros como El 9 de enero de 1964: lo que no me contaron y Una historia compartida: España en la construcción del Canal de Panamá, a cuatro manos con Susana Cabezas Fontanilla.
Carlos Wynter Melo ha construido un corpus ficcional sobre la identidad y la memoria a través de sus novelas Las impuras y Ojos para ver una invasión.
Hace unos días el Festival Cultural Lean de la Biblioteca de Boquete los convocó en la mesa redonda “Cuando los hechos se convierten en historias. Investigación histórica e Historia novelada”.

Los escritores panameños Wendy Tribaldos, Daniel Domínguez Z., Carlos Wynter y Juan David Morgan. Cortesía/Biblioteca de Boquete.
¿Cuándo un hecho histórico deja de ser un dato y se convierte en una obsesión?
Juan David Morgan: Mis novelas históricas son sobre Panamá y tienen personajes reales. Mi última novela que ya está por publicarse, Adiós España, es sobre nuestra independencia de España. Yo no la había escrito antes, quizás porque no había investigado lo suficiente o no había encontrado los personajes adecuados. Pero cuando me di cuenta de que sí los había, y muchos, la hice.
Wendy Tribaldos: Muchas veces el detonante proviene de un proyecto que estoy desarrollando. Como el caso del libro sobre el 9 de enero, yo había sido contratada para trabajar unos textos y ahí empecé a leer. Y me doy cuenta de que había una serie de cosas que no me contaron en la escuela y, entonces, ahí me meto de lleno en los archivos primarios que recientemente han sido desclasificados por Estados Unidos. Es importante hacer la diferenciación entre novela histórica y obra historiográfica. En mi caso, me baso en citas, fuentes y verificación.
Carlos Wynter: Yo soy un escritor de ficciones. Retrato y creo realidades posibles. Para explicarme el presente, muchas veces tengo que buscar en el pasado para darle verosimilitud. Pero trabajo muchísimo más con la imaginación.
¿En qué momento le bajan la velocidad a la investigación y se la imprimen a la escritura?
Wendy: En un proyecto personal como el libro sobre el 9 de enero, el proyecto se volvió algo que quería sacar. No fue una comisión, fue algo que deseaba hacer. En el caso de los libros por comisión, siempre hay una fecha de cumpleaños. Eso de alguna manera, decide hasta dónde investigas. Siempre hay una gran tristeza porque al final del camino, por más investigación que hagas, algunas piezas del rompecabezas se quedan por fuera.
Carlos: Cuando tengo algún tipo de inquietud me vuelvo hacia los libros, que son mi mayor fuente de aprendizaje. John le Carré, que me gustaba mucho cuando era adolescente, hablaba de un ciclo de investigar y otro de inventar. Yo me muevo dentro de eso.
Juan David: Cuando escribo una novela histórica, el tiempo que me toca investigar es como tres o cuatro veces el tiempo para escribir. Hay un momento en que tengo que parar porque ya siento el deseo de comenzar a escribir.

Esta actividad ocurrió como parte de la programación del Festival Lean, organizado por la Biblioteca de Boquete.
Hablemos de la verdad documental y la verdad literaria
Juan David: cuando entré a la Academia Panameña de la Lengua mi discurso de ingreso fue sobre la novela histórica y la autenticidad. La analizaba a través del tiempo para llegar a la conclusión de que la novela histórica no solamente debería ser creíble, sino que también debería ser auténtica. Por supuesto que debes incluir diálogos, a veces personajes secundarios de ficción que te ayudan a la fluidez de la novela, pero nunca debes arriesgar la veracidad.
Wendy: La historia es una interpretación de unos humanos llamados historiadores y reconstruimos hechos que ocurrieron en el pasado. Llegamos a un proceso similar al del método científico: nos hacemos preguntas, tenemos hipótesis y a través de los hechos encontramos, o tratamos de comprobar, o no algo.
Carlos: Esta es la pregunta donde más nos vamos a separar. La novela es siempre ficción. La novela histórica es una clasificación que le ponen los editores para identificarla y es posterior a la aparición del libro. Para que el lector sepa dónde tiene que buscar. Gabriel García Márquez en El general en su laberinto retrata el tiempo menos conocido de Bolívar: sus últimos días, cuando él estaba débil. Para que me entristezca con ese momento se tiene que inventar lo que estaba en su mente.
Si quiero conocer la dictadura de Trujillo, leo La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa. Si deseo saber sobre las relaciones entre Panamá y Estados Unidos, leo Luna Verde o Gamboa Road Gang de Joaquín Beleño.
¿Qué piensan de que la ficción, más allá de que pueda tomarse licencias, nos permita entender la realidad?
Carlos: Uno siempre está tratando de entender por qué la vida es como es. El novelista tiene un mundo muy grande para ir mostrando la complejidad del ser humano. Nosotros no somos solo hechos. Debemos entender al ser humano. El verdadero reto de los novelistas es tomar esa esencia que decía Vargas Llosa, la de unir la verdad con mentiras.
Wendy: Los historiadores no imaginamos las cosas, aunque tengamos que narrar una historia. Nosotros tenemos que contar la historia utilizando elementos narrativos, aunque la evidencia es la que manda. Yo estoy agradecida de la libertad de los novelistas. Porque honestamente siento que la gente termina siendo picada por saber más de la realidad después de leer las novelas históricas.
Juan David: Hay dos tipos de novela histórica: la que cuenta un hecho inventando la mayoría de los personajes y esas son la mayoría de las novelas históricas. Yo decidí no hacer eso porque estoy escribiendo la historia de Panamá. Para mi es importante que se sepa que los personajes de mis libros son reales y que actúan dentro de la época y conforme a lo que se conoce de la historia. Cuando escribo, busco que el lector luego consulte con los historiadores que son los que realmente conocen la historia.

